Colombian Ambassador Resigns Over New Developments in Journalist Assassination

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Guillermo Cano of El Espectador

Luis Carlos Molina Yepes, one of the sponsors of the editor’s assassination, who was convicted, escaped after the police let him out of jail to go buy cigarettes.

Obdulio Gaviria, known as a pugnacious, controversial and provocative figure, has made the media the preferred target of his insults. “Morons,” “abusers,” “assholes,” and “bullshit shovelers” are just some of those insults. But perhaps the most outrageous instance was in a recent interview with Antonio Morales of Credencial magazine, when he equated the FARC news agency, ANNCOL, with Semana magazine, saying that [ANNCOL’s] campaign “against the President and in certain ways against me .. combines the evil of the FARC with the brutality of Semana.”

La renuncia de Carlos Medellín a la embajada en el Reino Unido crea una tormenta en el Gobierno: Cambio magazine reports that Carlos Medellín resigns the ambassadorship to Great Britain, “creating a storm inside the government.”

Medellín experimentó la misma sensación de incomodidad y duda que, días antes, había sentido Rodrigo Lara, zar anticorrupción, al leer un artículo de El Nuevo Herald que ataba cabos sueltos en el caso de la muerte de su padre, Rodrigo Lara Bonilla, asesinado también por el cartel de Medellín, y cuya lectura lo llevó a renunciar.

Medellín experienced the same sense of discomfort and doubt that, days before, had been felt by Rodrigo Lara, the government anticorruption czar, on reading the Nuevo Heraldo article that tied up loose ends in the death of his father, [former Justice Minister] Rodrigo Lara Bonilla, also assassinated by the Medellín cartel, who resigned upon reading it.

This is soap-operatic emotional ventriloquism, though the magazine does source its reporting on the man’s emotional state to “a source close to the Cano family.”

The ambassador’s wife is the daughter of El Espectador editor Guillermo Cano, assassinated in 1988 for reporting on the infiltration of the narcotraffic into Colombian politics.

A UN “World Press Freedom” prize is named in Cano’s honor.

Three persons convicted of the crime had their convictions overturned in the Supreme Court.

El Tiempo attributes the resignation to a report in El Espectador whose contents it gists as follows:

El semanario publicó que un hermano del asesor presidencial José Obdulio Gaviria había compartido unas cuentas bancarias con el hombre que pagó a los sicarios que cometieron ese crimen.

The weekly published that a brother of presidential advisor José Obdulio Gaviria had shared bank accounts with the man who paid the assassins who committed the crime.

On Obdulio’s campaign to knock down reporting by the Nuevo Herald, to the effect that a helicopeter belonging to the Uribe family was seized in a raid on a giant cocaine factory in the 1980s, see also

Cambio recreates the dramatic scene:

El periódico pasó de mano en mano, cada uno lo leyó en silencio hasta que le llegó el turno a Medellín, quien por las caras de su esposa, su suegra y sus cuñados advirtió que algo distinto a lo que ya todos sabían los había dejado prácticamente congelados. El ex ministro leyó el artículo y tras un largo silencio les dijo que el contenido lo obligaba a renunciar a la Embajada en Holanda, país que ya le había dado el beneplácito.

The newspaper pased from hand to hand, each one reading it in silence until it was Medellín’s turn, who knew from the expression on the faces of his wife, mother-in-law and brothers-in-law that something different, which they already knew, had left them practically frozen. The former minister read the article, and after a long silence told them the contents obliged him to renounce his appointment as ambassador to Holland, where he had already been credentialed.

Cambio wallows in the emotions of the moment for several more lengthy paragraphs.

Medellín was reportedly instrumental in preventing Pablo Escobar from being seated in the Colombian national legislature, and seeing him prosecuted.

El Tiempo reports on the substance of the El Espectador report.

Ese periódico en concreto se refiere a Luis Carlos Molina, quien fue condenado a seis años de prisión tras comprobarse que pagó por ese homicidio. Era una persona al servicio del narcotraficante Pablo Escobar.

The newspaper specifically refers to Luis Carlos Molina, who was sentenced to six years in prison after it was proven he paid for the crime. He was in the service of narcotrafficker Pablo Escobar.

El informe igualmente reveló que tras una inspección judicial al patrimonio de Molina se encontraron dos cuentas bancarias que estaban a nombre de Carlos Alberto Gaviria Vélez, primo hermano de Pablo Escobar Gaviria y hermano mayor de José Obdulio.

The report also revealed that after a judicial investigation into Molina’s assets, two bank acconts were discovered in the name of Carlos Alberto Gaviria Vélez, first cousin of Pablo Escobar Gaviria and older brother of José Obdulio.

Una tercera cuenta estaba a nombre de Héctor Barrientos, gerente administrativo de la hacienda Nápoles, de propiedad del capo. Barrientos, según ‘El Espectador’, fue referenciado al banco por Carlos Alberto Gaviria.

A third account was in the name of Héctor Barrientos, manager of the Nápoles plantation that belonged to Escobar. Barrientos, El Espectador reports, was referred to the bank b Carlos Alberto Gaviria.

Al semanario, Carlos Alberto Gaviria le reconoció que sí tuvo unas cuentas pero que no recuerda los detalles. Admitió que conoció y tuvo negocios con Molina y Barrientos, pero que se desligó de ellos hace años.

Gaviria admitted to the weekly that he had some bank accounts, but does not recall the details. He acknowledged he knew and did business with Molina and Barrientos, but broke with them years ago.

Todo indica que fue esta situación la que llevó a Medellín a tomar la decisión de renunciar. No obstante, está claro que en contra de José Obdulio Gaviria no hay nada que lo ponga en tela de juicio.

All indications are that this situation led to Medellín’s decision to resign. However, it is clear that there nothing here that incriminates José Obdulio Gaviria.

A bit of editorializing in the news hole. But possibly warranted interpretations.

Cambio speculates on whether the adviser’s head will roll:

El fin de semana pasado, tras la renuncia del zar anticorrupción, Gaviria se convirtió en centro de controversia por señalamientos en el sentido de que le había ocultado a Lara que el diario de Miami iba a publicar un artículo sobre el asesinato de su padre, Rordrigo Lara Bonilla, ejecutado por el cartel de Medellín. Y no ha dejado de ser centro de polémica en las últimas semanas por cuenta de entrevistas y declaraciones en las que se destacan sus ataques contra los medios.

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Gaviria, caracterizado por su actitud de luchador, polemista y provocador, ha convertido a los medios en blanco preferido de sus insultos. “Bellacos”, “abusivos”, “cloacas” y “sumideros de estiércol” son algunos de ellos. Pero tal vez el mayor desatino lo cometió en una reciente entrevista con Antonio Morales en la revista Credencial, cuando puso en el mismo nivel a la agencia de prensa de las Farc, Anncol, y a la revista Semana y dijo que en su guerra conceptual contra el presidente Uribe y en cierta forma contra mí, “se juntaron la maldad de las Farc con la brutalidad de Semana”.

Obdulio Gaviria, known as a pugnacious, controversial and provocative figure, has made the media the preferred target of his insults. “Morons,” “abusers,” “assholes,” and “bullshit shovelers” are just some of them. But perhaps the most outrageous instance was in a recent interview with Antonio Morales of Credencial magazine, when he equated the FARC news agency, ANNCOL, with Semana magazine, saying that [ANNCOL’s] campaign “against the President and in certain ways against me .. combines the evil of the FARC with the brutality of Semana.”

A la hostilidad y agresividad del asesor contra medios y periodistas, muchos columnistas han respondido con serios cuestionamientos sobre su papel y el hecho de que -pagado por el PNUD y no por el Gobierno- no tiene quién lo ronde, y hasta han planteado la conveniencia de su renuncia. Por ejemplo, María Jimena Duzán sostuvo en El Tiempo, que “José Obdulio ha desafiado olímpicamente los estrados judiciales”, y María Isabel Rueda en su columna de Semana escribió que debía dejar el Gobierno.

Impunidad.com reminds us of the saga Cano case.

Vários juízes e funcionários do Poder Judiciário foram subornados. Um juiz, o pai de uma juíza e o advogado da família Cano foram assassinados. Outro juiz, quatro jornalistas, e dois filhos de Guillermo Cano tiveram que abandonar o país depois de repetidas ameaças de morte. A entrega do jornal em Medellín foi continuamente sabotada. O gerente-geral e o chefe de distribuição desse escritório foram assassinados. Uma bomba destruiu grande parte da sede central do El Espectador. Criminosos incendiaram a casa de veraneio da família Cano, próxima à cidade de Cartagena. Foi também assassinado o principal suspeito que atirou contra Guillermo Cano e outros integrantes da gangue Los Priscos, contratada pelo Cartel de Medellín para cometer o crime.

A number of judges and employees of the judiciary branch were bribed. One judge, the father of another, and a Cano family attorney were assassinated. Another judge, four journalists and two sons of Guillermo Cano had to leave the country after received repeated death threats. Delivery of El Espectador in Medellín was constantly interfered with. The publisher and head of distribution of the newspaper were assassinated. A bomb destroyed a good portion of the newspaper’s central ofice. Criminals set fire to the summer home of the Cano family near the city of Cartagena. Also assassinated was the principal suspect in Cano’s murder and other members of the Los Priscos gang, hired by the Cartel to commit the crime. 

IRREGULARIDADES DO PROCESSO LEGAL

Irregularities in the trial

Juízes destituídos por suborno e negligência deliberada durante o processo preliminar não foram investigados. Juízes, funcionários judiciais e membros do júri foram ameaçados. Vários anos se passaram e o caso passou por diversos tribunais. Novas pistas não foram investigadas. Luis Carlos Molina Yepes, um dos mentores do crime, e condenado, escapou d epois de a polícia permitir que saísse da prisão para comprar cigarros. O Cartel de Medellín se infiltrou no Poder Judiciário, comprando juízes e apoderando-se de informação essencial para sua defesa.

Judges dismissed for accepting bribes and deliberate negligence during the preliminary proceedings were never investigated. Judges, court employees and members of the jury were threatened. A number of years passed and the case passed through various courts. New evidence was not followed up on. Luis Carlos Molina Yepes, one of the sponsors of the crime, who was convicted, escaped after the police let him out of jail to go buy cigarettes.

O assassinato de Guillermo Cano Isaza, editor do jornal El Espectador, da Colômbia, por traficantes de drogas, em 1986, sacudiu as bases da sociedade colombiana. Os reis da droga já haviam assassinado o ministro da Justiça, o presidente do Supremo Tribunal e o chefe da polícia nacional, mas o assassinato de um editor de um jornal nacional, em um país no qual editores de jornal freqüentemente têm o mesmo peso que ex-presidentes, quebrou todas as regras.

The assassination of Cano Isaza, editor of El Espectador in Colombia in 1986 by drug traffickers, shook Colombian society to its foundations. The drug lords had already assassinated the Minister of Justice, the President of the Supreme Court and the chief of the national police, but killing the editor of a national newspaper in a country where newspaper editors often have as much prestige as ex-presidents broke all the rules.

Pablo Escobar Gaviria e o Cartel de Medellín viam o El Espectador como seu inimigo número 1. Cano havia assumido uma posição forte contra as drogas e era um firme defensor da extradição dos traficantes colombianos. Sentia que as instituições colombianas não eram fortes o suficiente para julgar e condenar poderosos reis das drogas.

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Escobar e seus cúmplices davam festas comemorando sua vitória em Medellín, base do cartel, e em Letícia, uma cidade na fronteira entre Equador e Colômbia. Letícia era um importante ponto de passagem para a pasta de coca do Peru e da Bolívia.

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A investigação do assassinato demorou nove anos. O grupo de advogados de Escobar conseguiu que o caso não fosse transferido para um sistema judiciário especial “sem rosto”. Essa manobra legal permitiu que Escobar tivesse acesso às identidades dos juízes. Alguns deles foram forçados a aceitar suborno e outros foram mortos após rejeitarem suborno. Um juiz exilou-se; uma juíza teve o pai assassinado após ignorar avisos para que abandonasse a investigação, e uma terceira pessoa, um juiz do Supremo Tribunal de Bogotá, foi assassinada momentos após assinar um mandado de prisão contra Escobar.

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Para o jornal, o assassinato foi apenas o início de uma campanha desleal feita por Escobar e seus homens. Como o jornal continuava suas reportagens provocadoras e incisivas sobre os traficantes de drogas, as ameaças de morte contra seus repórteres e editores continuavam. Os dois filhos de Cano, Juan Guillermo e Fernando, que dividiam os altos cargos editoriais do jornal, receberam várias ameaças de morte e deixaram o país por longos períodos durante os três anos que se seguiram ao assassinato. Quatro outros repórteres também foram forçados a deixar o país, após receberem ameaças de morte. A distribuição de jornais em Medellín e em outras áreas foi sabotada. E o escritório de Medellín foi fechado após o diretor de circulação e o gerente do escritório serem assassinados. Entre 1989 e 1990, o jornal foi entregue em Medellín com o uso de escolta militar. A circulação na cidade caiu quando os distribuidores foram avisados por homens de Escobar para que não entregassem o jornal. Os piores golpes vieram em 1989, quando Héctor Giraldo Gálvez, o advogado da família Cano que estava investigando o assassinato, foi assassinado friamente. Nesse mesmo ano, Escobar deu o que pensou ser o último golpe contra o jornal: bombardeou suas instalações.

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Os procedimentos judiciais, que começaram em 1991, foram finalmente concluídos em um tribunal comum em 22 de agosto de 1995. Quatro pessoas foram condenadas de homicídio qualificado. Três tiveram sentenças de prisão. O quarto cúmplice acusado, Luis Carlos Molina Yepes, um obscuro comerciante e ex-confidente de Escobar que lidava com a conta bancária usada para pagar os assassinos de Cano, permaneceu fo ragidoaté ser preso, em 18 de fevereiro de 1997. Dois tra ficantes de drogas que foram os principais mentores, Gonzalo Rodríguez Gacha e Escobar, foram abatidos em 1989 e 1993, respectivamente. Outros, como Evaristo Porrás, estão cumprindo pena na prisão por enriquecimento ilegal.

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A defesa recorreu à decisão tomada pela corte em 1995. E em 30 de julho de 1996, em uma decisão inesperada, o Supremo Tribunal de Bogotá revogou as sentenças e declarou que os três acusados eram inocentes. A corte confirmou a sentença contra Molina Yepes.

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